viernes, 14 de abril de 2017

Emboscada en el cortijo Pozo Húrtiga.



Desde su incorporación a la Agrupación Guerrillera en 1947, Juan Alaminos Palacios «Teodoro», era uno de los guerrilleros más comprometidos con los que contaba «Roberto». Había tomado parte en numerosas operaciones, entre ellas el asalto al cortijo Pera, el 28 de febrero de 1948, y la emboscada al pelotón de soldados en la sierra de Cázulas, el 29 de marzo del mismo año.
Había nacido en 1923 en Otívar (Granada), estaba casado, y se dedicaba a sus faenas en el campo. Su familia era toda ella partidaria del régimen franquista. Incluso, en aquellos tiempos, su hermano era guardia municipal en Otívar.
Por su fidelidad en enero de 1948, con apenas 25 años, «Roberto» lo nombró jefe de grupo. Cuando a mediados de ese año, la dirección guerrillera había encontrado en la sierra de Loja un excelente refugio, resultaba vital el apoyo de los pueblos de la vertiente norte de las sierra Tejeda y Almijara. Tanto para proporcionar el abastecimiento, como para facilitar el tránsito de las unidades entre las sierras mencionadas y la de Loja.

Lugar en el que sucedieron los hechos
Por ello, «Roberto» solicitó a su fiel camarada que tratase de organizar en Alhama de Granada, una red de enlaces que les proporcionase el apoyo necesario. Y con esta misión marchó «Teodoro» para dinamizar la lucha en aquella zona.
El grupo de «Teodoro» estaba formado en aquella época por Miguel López Benítez «Justillo», José Castillo Moreno «Mocha», Carlos Alaminos Pretel «Julio», Manuel Alaminos Rodríguez «Mateo», Francisco Guzmán Martín «Nicolás», Francisco Ordóñez Plaza «Basilio», Ángel García Martín «Marcelo», Blas Martín Navas «Gonzalo», Antonio Gómez Nieto «Gallardo», y Juan Vega Palacios «Tiricias».
Estos dos últimos guerrilleros eran naturales de Alhama, y fueron los que facilitaron los primeros contactos. Juan Vega Palacios conectó con sus hermanos José y Antonio, y éstos lo hicieron con Juan Navarrete García «Remendao», y otros simpatizantes de la zona. Entre ellos, José Arenas Gómez «Arenillas», Juan Miranda Escobedo «Tremendo Mayor», y Pedro Miranda Escobedo «Tremendo Menor».
Así en la primavera de 1950 en Alhama de Granada, inició su andadura una incipiente organización comunista. Como la que ya actuaba desde hacía algún tiempo en Loja y Salar.
El grupo guerrillero estableció su base en el lugar conocido como lomas de Húrtiga. Lugar estratégicamente emplazado en la zona de tránsito hacia la sierra de Loja. Constituido por tierras entre chaparros, laboriosamente ganadas al monte, y dedicadas fundamentalmente al cultivo de cereales y al pastoreo.
Mientras el capitán guerrillero intentaba cumplir el mandato de «Roberto», la estancia del grupo discurría relativamente cómoda, con el apoyo de los enlaces y la colaboración de los cortijos cercanos a Alhama.
Para intercambiar información el grupo de «Teodoro» debía dirigirse de vez en cuando a la sierra de Loja, donde se encontraba el E.M. En aquella ocasión antes de partir, para conseguir abastecimiento llegaron hasta el cortijo Venta Dona, en los terrenos aledaños a Húrtiga. Allí pidieron que les dieran de comer, así como algunos artículos alimenticios, tales como chorizo, tocino, queso, y pan, por los que abonaron 250 Pesetas.
El cortijo estaba habitado por Diego y Antonio Guerrero Cortés. Para evitar sus responsabilidades, al día siguiente de lo sucedido dieron cuenta a la Guardia Civil. Declararon que entre los guerrilleros conocieron, a Juan Vega Palacios y Antonio Gómez Nieto, por ser naturales de Alhama de Granada. Agregaron que no fueron objeto de malos tratos mientras los asaltantes estuvieron en el cortijo. Y aunque se habían negado a coger el dinero abonado, los guerrilleros les obligaron a hacerlo. 328
Tras esta operación, la unidad guerrillera se encaminó hacia la sierra de Loja. Concretamente al campamento situado en el Torcal de Elvira, donde se encontraba «Roberto» y el E.M. Allí intercambiaron información, y dieron cuenta a sus jefes de las gestiones realizadas. Días más tarde, antes de regresar recibieron propaganda y nuevas instrucciones.

Mientras tanto la Guardia Civil, alertada por confidencias de la presencia guerrillera en la zona de Húrtiga, seguía desde cerca los pasos del grupo y preparaba el servicio que a la postre lo desarticularía.
Muy próximo al cortijo de la Lata que antes citaba, se encontraba el de Pozo Húrtiga. Este cortijo era propiedad de la Regidora, y había estado deshabitado durante mucho tiempo, pero desde unos meses antes albergaba a un inquilino conocido por Julio. Parece que la Guardia Civil, había dispuesto al tal Julio como gancho en este cortijo.
La figura del gancho generalmente respondía, a una persona que de alguna forma estaba en deuda con las autoridades. Y para saldar la misma y recuperar su libertad, a cambio debía favorecer un servicio a sus benefactores. Julio era natural de la misma zona que «Teodoro», y consiguió ganarse la confianza del grupo guerrillero, al que sirvió en más de una ocasión. Antes de partir camino de la sierra de Loja, los guerrilleros llegaron al cortijo.
«Teodoro» entregó a su hipotético colaborador dinero y una lista de encargos, que recogerían a su regreso. Informada la Guardia Civil, una contrapartida formada por cinco hombres, al mando del experimentado cabo primero Dámaso Cobo Gamero, se instaló en un corral aledaño de la vivienda. Allí permanecieron los guardias durante una veintena de días, sin salir del recinto salvo por la noche. Como las alimañas que aguardan la llegada de sus presas.
En la comentada visita al E.M. en el campamento del Torcal de Elvira,330 la composición del grupo fue ligeramente modificada. Causaron baja, quedando en la sierra de Loja, Carlos Alaminos Pretel «Julio», Francisco Guzmán Martín «Nicolás», y Ángel García Martín «Marcelo». Siendo reemplazados por Francisco Bonilla Arrebola «Jacinto», y Francisco García Aguado «Eugenio». Por lo que el grupo quedaría reducido a diez guerrilleros.
Antes de llegar a Pozo Húrtiga, desde un monte situado al suroeste del cortijo, los guerrilleros observaron durante todo el día los alrededores, sin notar nada extraño. Y al atardecer del 17 de julio el grupo bajó hasta el mismo.
Como medida de seguridad recomendada por «Roberto», su primera intención fue quedarse en el exterior, y al mismo tiempo mitigar así el sofocante calor de aquella noche veraniega. Pero su calculador anfitrión insistió en que entraran, para tomar el café que fría y siniestramente les había preparado.
La verdadera intención del vil traidor, era acercar las presas a sus pacientes verdugos, que aguardaban apostados en el corral, y finiquitar así la deuda contraída con la Guardia Civil.
«Teodoro» accedió, no sin antes ordenar a Francisco Ordóñez Plaza «Basilio», y a Blas Martín Navas «Gonzalo» que ocupasen unos montículos predominantes, unos metros al sur y oeste del cortijo, y practicasen la primera guardia.
Los guerrilleros entraron confiados en el cortijo, pero al poco tiempo algo debió alertar al astuto jefe. Ordenó entonces a Francisco Bonilla Arrebola «Jacinto», y a Francisco Ruiz Aguado «Eugenio», que fuesen a preguntar a sus compañeros centinelas, si habían observado algo extraño, y al mismo tiempo relevarlos de su periodo de vigilancia.
Cuando habían salido, los guardias debieron pensar que habían sido descubiertos, y que los guerrilleros uno a uno saldrían sigilosamente. Seguidamente salió también el casero con el pretexto de ir a por un poco de leña, que era la señal convenida.
Fue entonces cuando comenzó el feroz ataque, a base de granadas de mano y ráfagas de subfusil. Según nos comentó un pastor de la zona: Aquello parecía de día de tantas bombas que lanzaban.
Cinco guerrilleros murieron en el acto, y el sexto fue rematado al intentar escapar herido en sus piernas. Los que estaban de guardia, «Basilio» y «Gonzalo», además de «Jacinto» y «Eugenio», pudieron escapar regresando nuevamente a la sierra de Loja, donde establecieron contacto con el resto de sus compañeros.
Francisco Ordóñez Plaza «Basilio», era primo hermano del también guerrillero Antonio García Ordóñez «Enrique». Que relató al que les habla, una mañana de abril junto a las ruinas del cortijo donde sucedieron los hechos, lo que le había contado su primo y su paisano «Jacinto», en relación a lo ocurrido aquel día, y que ahora les he narrado.

La muerte de seis guerrilleros no debió parecer suficiente caza, al oficial que organizó el operativo, y mandó entonces detener en Alhama a Juan Navarrete García «Remendao». Que como les decía era el jefe de la incipiente red clandestina creada por «Teodoro». Una vez detenido, fue llevado a Pozo Húrtiga con el pretexto de identificar a los cadáveres. Juan Navarrete también encontró la muerte, seguramente porque intentaría fugarse.
Los cadáveres fueron transportados inicialmente en dos caballerías. Hasta encontrar una tercera bestia, propiedad del campesino que amablemente rememoraba lo que sucedió aquella noche.
Me dijo: Aquellos tiempos eran muy difíciles, si no te mataban unos, lo hacían los otros.
Con la excusa de ser identificados, los cadáveres fueron expuestos en la puerta del Ayuntamiento de Alhama de Granada. Aunque lo que en realidad se pretendía era amedrentar a la población civil, para que comprobasen lo que les ocurría a los se oponían al Régimen.
Los muertos en aquella emboscada fueron:
Juan Alaminos Palacios «Teodoro». De Otívar (Granada), 27 años.
Miguel López Benítez «Justillo». De Río de la Miel (Nerja), 20 años.
José Castillo Moreno «Mocha». De Frigiliana, 20 años.
Manuel Alaminos Rodríguez «Mateo». De Almuñécar, 31 años.
Antonio Gómez Nieto «Gallardo». Natural de Alhama de Granada, donde se le conocía como «Catite». Tenía 35 años.
Juan Vega Palacios «Tiricias». De Alhama de Granada. Tenía 40 años.

Juan Navarrete García «Remendao». De Alhama de Granada, 43 años.

(Extracto del capítulo recogido en el libro: Causa Perdida).

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