domingo, 4 de junio de 2017

Emboscada en la sierra de Cázulas


(Fragmento extraído de libro Causa Perdida. Agrupación Guerrillera Málaga-Granada)

29 de marzo de 1948
Sin duda alguna el hecho que voy a relatarles, es de los más importantes en los que se vieron involucrados los miembros de la Agrupación Guerrillera. Principalmente por su resultado dramático, por la ingente cantidad de armamento y munición de la que se apoderaron, y también por ser la única ocasión que conozca, en que la guerrilla sostuvo enfrentamiento directo con soldados de reemplazo.

El hecho tuvo lugar en el término de Otívar, próximo al paraje conocido como la Topera. Donde la senda de la Majada de la Muela se une al carril de la Madera. El paraje en cuestión se sitúa en el barranco de la Mina Rica, a unos trescientos metros más arriba de la Junta de los Ríos. Donde se unen los barrancos de la Chorrera y el de la Mina Rica. En las entrañas de la sierra de Cázulas, prolongación por el este de la sierra Almijara, donde el río Verde horada, un profundo y estrecho desfiladero, que se prolonga durante varios kilómetros.
Localidad granadida de Otívar.

Estuve en el lugar de los hechos en febrero de 2013, con mi amigo Francisco Novo y un compañero de éste, que gustosamente no condujo hasta allí. Aunque las avenidas de agua han modificado el curso del río, y los sucesivos incendios, han ido eliminado el frondoso pinar que entonces tapizaba estos parajes, es perfectamente posible hacerse una idea de cómo ocurrió el hecho. Y aún hoy pueden apreciarse, algunos de los impactos de las balas, en las paredes del cañón.
Efectos de los disparos en las paredes del cañón.

Indudablemente el enclave es ideal para una emboscada. Un tramo de unos cuatrocientos metros, entre dos pronunciadas curvas del cañón. Lo que facilitaba la ocultación, al tiempo que amortiguaba el sonido de las detonaciones, evitando que pudieran oírse desde la distancia.

Ocurrió que un pelotón de soldados, perteneciente a la 2ª compañía, del 2º batallón, del regimiento de Infantería Nápoles nº 24, se encontraban realizando servicio de protección a los obreros que realizaban trabajos forestales, en la finca de la marquesa de Cázulas.
Al atardecer del aquel día, cuando regresaban de prestar su servicio, fueron atacados por un numerosísimo contingente guerrillero. Encabezado por Antonio Gutiérrez Sáez «Cristino». El cual, parece que sin la autorización de «Roberto» o de «Clemente», líderes de la Agrupación Guerrillera, en su afán de conseguir armamento para sus guerrilleros, había preparado esta emboscada.
Entrada del cañón que horada el río Verde.

Pude recoger de la versión popular, que un cabo de los allí destacados, comentó en alguna ocasión en un bar de Otívar, que si eran atacados por los guerrilleros, ellos no iban a ofrecer resistencia y les entregarían el armamento. Esto llegó a oídos de «Cristino», y pensó que ese armamento y munición les iría de maravilla.

Otra versión era que un suboficial de los destacados en el destacamento de la Rijana, que mandaba al grupo de soldados allí destacado, simpatizaba con la guerrilla. En ocasiones dejaban en sitios visibles cartuchos de mosquetón e incluso latas de atún y otros alimentos, para que los guerrilleros se sirviesen de ellos. Pero estas versiones no las puedo confirmar.
El caso es que el líder guerrillero, por mañana observó el paso de los soldados río arriba y no pudo reprimir su instinto. Planificando una emboscada al atardecer, cuando regresaban a su base. Dispuso entonces a sus hombres, a ambos lados del desfiladero, y cuando el pelotón se hallaba inmerso en la trampa, entre dos marcadas curvas del río, les gritó: ¡Armas al suelo y manos arriba! Los guerrilleros pensaban que los soldados iban a rendirse sin ofrecer resistencia. Incluso previamente «Cristino» les advirtió que nadie disparase sin su orden expresa.
Interior del cañón en el que sucedieron los hechos.

Pero el cabo primero Antonio Lozano Falla, reaccionó rápidamente accionando su Schmeisser, contra líder guerrillero, alcanzándole con un certero disparo en la cara. Súbitamente cayó desde lo alto de una peña en la que se encontraba, muriendo en el acto. Aunque según la declaración de algunos de los soldados, quizás por atribuirse el mérito, «Cristino» fue abatido por la escuadra del fusil ametrallador.

Según me explicó el guerrillero Miguel Salado Cecilia sin dudarlo, fue el cabo Lozano quién abatió a Cristino. “Delante de donde yo estaba, uno de ellos saltó al río, como un mirlo…, y tiró un ráfaga a Cristino. Y no la desaprovechó, porque de lo alto donde estaba cayó y vino rodando hasta el río”.

Al ver a su jefe fuera de combate, inmediatamente comenzó el feroz ataque de los guerrilleros apostados. Destacando por su beligerancia Francisco Gutiérrez Sáez «Cantueso», hermano del fallecido.

El doloroso balance final del encuentro fue de un cabo primero, un cabo, y cinco soldados muertos, y cinco más heridos. Asimismo el grupo guerrillero se apoderó del abundante armamento y munición que portaba el pelotón de soldados.
Las primeras diligencias para el esclarecimiento de los hechos, fueron realizadas como Juez Instructor, por el teniente de la 2ª compañía del 4º tabor de Regulares Alhucemas nº 5, D. Francisco Sánchez Burgos. Actuando como Secretario el cabo primero de la misma unidad, D. Francisco de la Poza, dando así inicio, a la instrucción del procedimiento 243/48.
Lugar del enfrentamiento.

El capitán de la 2ª compañía, 2º batallón, del regimiento de Infantería Nápoles nº 24, emitió el siguiente informe dirigido al comandante jefe del 4º tabor de Regulares Alhucemas nº 5.

A Vd. da parte el capitán de la expresada, de que en la tarde del día de hoy, aproximadamente a las diecisiete horas, y treinta minutos, fue agredido por los bandoleros, el pelotón que diariamente presta servicio de protección a los trabajadores que se dedican a las faenas de la madera, en la proximidad del sitio denominado la Topera. Cuando regresaban a su destacamento en la fábrica de la luz eléctrica denominada la Rijana.
Repeliendo la agresión enérgicamente, hasta perder la vida siete hombres y cinco heridos, del total de doce que componían el pelotón. En el lugar próximo a donde cruza la senda, que conduce a la Majada de la Muela, al carril de la Madera.
Manifestando los soldados heridos, que al retirarse los bandoleros, se llevaron consigo, en mantas, a dos muertos de los suyos. Así como el armamento, las cartucheras, y la munición no consumida por el pelotón, que se mantuvo haciendo fuego hasta quedar todos fuera de combate, por muertos y heridos.
Panorámica del lugar de los hechos.

Que el cabo primero luchó heroicamente muy cerca de uno de los bandidos, que cayó a su lado. Y que el número, al parecer, de los atacantes era de ciento cincuenta a doscientos.
Siendo los nombres de las bajas los siguientes:
Cabo primero Antonio Lozano Falla, cabo José Sierra Cabrera, Soldados de 2ª Andrés Rodríguez Pareja, Emilio Cruz Poyatos, Torcuato Aranda Ruiz, Manuel Caro Ruiz, y Juan Soto Gómez, todos ellos muertos. Heridos, Alfredo Carrión Martínez, Jesús Arenas Frutos, Adolfo Cordón Bolívar, Manuel Rodríguez Rubio, y Antonio Cañizares Luque.
El enemigo se llevó el armamento del pelotón: un subfusil Esmeiser, con tres cargadores. Un fusil ametrallador con dos carteras, cada una de ellas con cinco cargadores. Diez mosquetones, y diez correajes, y las granadas de mano no consumidas por los agredidos. Que estuvieron haciendo fuego como una media hora, siendo el total de las que llevaban de veinticuatro. Doscientos cincuenta cartuchos de fusil ametrallador, mil cincuenta de mosquetón, y seiscientos cuarenta cartuchos del Esmeiser.
Sobre las diecinueve y treinta minutos, me comunicó el teniente lo sucedido al pelotón, por haberle llegado al destacamento los heridos. Tomando inmediatamente todas las medidas necesarias, para practicarles la primera cura y evacuándolos al hospital de Almuñécar.

Firmado: Rafael Valenzuela Molina

(fragmento extraído de un capitulo más extenso recogido en el libro Causa Perdida)