lunes, 14 de agosto de 2017

Encuentro en la Loma del Cuerno

27 de octubre de 1950. (sierra de Loja).

Desde comienzos del año 1950 la presencia del E.M. guerrillero en la sierra de Loja fue habitual. Salvo las ocasiones en que éste se desplazaba para enlazar con los grupos distribuidos a lo largo de la cordillera cercana a la costa, su base se situaba en los campamentos ubicados en esta sierra.

En los alrededores de la sierra de Loja, se instalaron numerosos destacamentos de la Guardia Civil y soldados de Regulares. Éstos eran los casos de los Ortices, Panes, los Pozos, Santa Eugenia, o el Ángel. Incluso en el mismo corazón de ella había otros como los de Cornilejo Alto, Don Juan, o el Ranchuelo. A pesar de este elevado número de guardias, y la cantidad de guerrilleros que estaban distribuidos en los diferentes campamentos, los encuentros fueron muy escasos.

El guerrillero Antonio García Ordóñez «Enrique», me decía: Los guardias, si no había un jefe que los obligara solían evitarnos. Hay que tener en cuenta que ellos defendían un sueldo, y nosotros no teníamos nada que perder. Por eso también me decía que: Los guardias eran una cosa en el pueblo, y otra en la sierra. Al llegar la noche, éramos nosotros los dueños de la situación.

No estaba muy lejos de la realidad Antonio García, ya que de otro modo no es explicable que durante casi año y medio, no hubiesen más tropiezos como el que voy a relatarles. Prácticamente en cada cerro que destacaba en el entorno, existía un campamento. Las vías de paso eran abundantes y frecuentadas, dado el número de guerrilleros y el trasiego de enlaces que los abastecían.

En plena sierra de Loja, en el camino que conduce desde las Pilas del Dedil a Fuente Espino, se ubicaba el cortijo Cornilejo Alto. Propiedad de la familia de los «Charros», o «Cofías», apodos con el que se conocían a sus propietarios. Gente humilde y muy trabajadora que ganaba su sustento con la ganadería, y la precaria agricultura de secano, que a duras penas podían obtener de estos pobres y pedregosos terrenos.
Ruinas del cortijo Cornilejo Alto

En una de sus dependencias se ubicó a comienzos de 1950, un destacamento de la Guardia Civil. El que albergó durante un periodo de 18 meses, un grupo de montaña al mando del teniente Antonio Navarro López, que llegó a estar formado por 42 guardias. Entre ellos 12 miembros de una contrapartida.
A mediados de octubre de ese año, se recibió en este destacamento un radiograma enviado por el primer jefe del sector interlímite, D. Antonio Díaz Carmona. Que alertaba de la presencia de un importante grupo guerrillero en la sierra de las Víboras de Alhama.

A las seis de la mañana del 27 de octubre de 1950, salió el teniente al mando de un grupo compuesto por un sargento, dos cabos primeros, y doce guardias. Con la misión de localizar a este contingente guerrillero. En un principio se dirigieron dirección sur, para inspeccionar el lugar conocido como las Lagunetas, Solana del Herrador, y puerto de los Tinajillos. Posteriormente caminaron hacia el norte dirección a la sierra de las Víboras de Alhama.

En el paraje denominado Llano de los Viejos, en la cartografía puerto del Águila, próximo a la sierra mencionada, el teniente ordenó a uno de los cabos primeros y a cinco guardias, que quedasen en observación en aquel lugar. Mientras el resto del grupo reconocía el cercano paraje de la loma del Cuerno.

Este grupo formado por el teniente, un sargento, un cabo primero, y siete guardias, se adentró en una zona prácticamente llana, con escasos abrigos para la posible protección, rodeados de cerros dominantes. Sin saberlo al final de este llano, y entre los cerros existían dos campamentos guerrilleros casi juntos, en los que se hallaba un número cercano a los sesenta hombres. Entre ellos su líder «Roberto», el E.M. y G.E.
Imagen tomada desde el cero del Águila.

Doy por seguro que desde que los guardias entraron en esta altiplanicie que precede a la loma del Cuerno, de una longitud de un kilómetro y medio aproximadamente, su presencia fue advertida por los centinelas del grupo guerrillero, que ocupaban las lomas predominantes. Los que a su vez avisaron a sus compañeros que tomaron posiciones y se prepararon para el combate.

Al grupo de guardias acompañaba un perro llamado León, propiedad de los dueños del Cornilejo. Éste congeniaba con los guardias allí destacados. Era frecuente cada vez que éstos salían de servicio que el animal los acompañara.

Este perro alertó a los agentes de que algo extraño ocurría en aquel sector. Y probablemente de no concurrir esta circunstancia, los guardias no hubiesen advertido la presencia de los guerrilleros, que atentos a lo que sucedía se encontraban aplastados al terreno, para no ser descubiertos y evitar el enfrentamientoApenas se percataron los guardias de la presencia de los centinelas, recibieron la primera descarga. Hecha por los guerrilleros perfectamente parapetados en las lomas que los rodeaban. En los primeros disparos fueron alcanzados el cabo primero Álvaro Martínez Atance y el guardia Antonio Martínez Martínez. Que ocupaban el ala derecha del despliegue de la fuerza, la más próxima a los guerrilleros apostados. Resultando asimismo heridos el teniente y el guardia Leonardo González Málaga.

Mientras tanto los restantes guardias se replegaron e incrustaron en el terreno. Carente de rocas en las que pudieran resguardarse, quedando fijados por el fuego de los guerrilleros hasta el anochecer.
A los pocos minutos los guardias recibieron el auxilio del cabo primero y los cinco guardias que habían quedado retrasados al comienzo de la sierra de las Víboras. Y en torno al mediodía acudió en su ayuda la contrapartida destacada en el Cornilejo Alto. Y poco después también lo hicieron un cabo y cuatro guardias procedentes del destacamento Don Juan, próximo a las Pilas del Dedil.

Al oscurecer los guerrilleros escaparon dirección oeste, hacia el cortijo Sopalmillo, y posteriormente hacia el sur, a unos cerros cercanos al Torcal de Elvira donde se refugiaron.
En el combate resultaron heridos dos guerrilleros, Rafael Corpas López «Mario», natural de Salar donde se le conocía como «Yero». Y también recibió un disparo en el muslo izquierdo, José Ruiz Almirón «Nico», hermano del legendario guerrillero Francisco Ruiz Almirón «Galindo». Antes de ser herido, arrebató el subfusil, la pistola reglamentaria, y dos cargadores para la misma, así como los correajes y municiones, al guardia fallecido Antonio Martínez Martínez.

Cuando este guerrillero se entregó a la Guardia Civil el 3 de febrero de 1951, fue condenado a muerte, la que se verificó el 28 de enero de 1953. Probablemente esta circunstancia que les relato, debió influir negativamente en este veredicto. Más aún si tenemos en cuenta, como luego veremos en la autopsia realizada al cadáver de este guardia, que lo que le provocó la muerte fue el hundimiento de su frontal. Probablemente con una piedra de gran tamaño o con un culatazo. Pues las heridas que padecía se localizaban en los muslos, y no eran tan graves como para producirle la muerte.
Con motivo de este enfrentamiento se instruyó el procedimiento 885/50, que a continuación paso a resumirles.

Como Juez Instructor se designó al comandante de la Guardia Civil D. Enrique Tendero Huertas, el que nombró como Secretario al guardia segundo Antonio Casaubón Martínez. Y a partir del 17 de noviembre de 1950, por indisposición del primero, la instrucción del procedimiento pasó al capitán D. Miguel Luengo Tejero.

El 28 de octubre de 1950 el Juez Instructor acompañado del Secretario, llegaron al lugar de los hechos para practicar la diligencia de inspección ocular y levantamiento de los cadáveres. Y como testigos, por el sargento D. Ángel Heras Casas, y cabo primero Cecilio Jiménez Ballesteros, ambos intervinieron en el encuentro.

 En la falda de una sierra que tiene su origen en aquel lugar, se encuentra el cadáver del cabo primero Álvaro Martínez Atance. En posición de decúbito prono. El cual vestía uniforme de cabo de la Guardia Civil, y presentaba heridas de armas de fuego. Asimismo se encuentra el cadáver del guardia segundo Antonio Martínez Martínez, a unos 50 m a la derecha, y algo más bajo que el anterior. En cual vestía uniforme del Cuerpo, y tenía la posición de decúbito lateral izquierdo. Sin armas a su inmediación, el que presentaba heridas de arma de fuego.
Informe de la autopsia a los cadáveres de los guardias.
En el cementerio de Alhama de Granada el 29 de octubre de 1950, ante el señor comandante Juez Instructor y el Secretario comparecieron los médicos D. Bernardo Murillo Herrera, y D. Federico Soria Ramírez.

Preguntados acerca del resultado de la autopsia practicada en el cadáver del cabo primero Álvaro Martínez Atance. Dijeron: Que en su hábito exterior, aparenta tener unos treinta años de edad, bien constituido y en buen estado de nutrición. Presenta un orificio de herida por arma de fuego a nivel de la escápula derecha, aproximadamente a nivel del octavo espacio intercostal del mismo lado.
A continuación fue abierta la cavidad torácica, en la cual encontramos una intensa hemorragia que ocupa ambas cavidades pleurales. Examinados los pulmones observamos un trayecto de dirección oblicua de atrás a delante, y de derecha a izquierda que atraviesa el lóbulo inferior del pulmón derecho.

A continuación fue también abierta la cavidad abdominal donde también encontramos abundante hemorragia, producida por lesiones en el parénquima hepático, que tienen el aspecto de una explosión del mismo.

De todo lo cual deducimos que la muerte del autopsiado ha sido producida por un arma de fuego, cuyo proyectil al atravesar los órganos antes mencionados, ha producido una intensísima hemorragia y la anemia aguda consecutiva a la misma, ha causado la muerte.

Examinado el cadáver del guardia segundo Antonio Martínez Martínez, aparenta ser un hombre de unos veinticinco o veintiocho años, aproximadamente. En el cual se observa un hundimiento de la mitad izquierda del frontal, y un orificio de entrada de herida por arma de fuego en el muslo, y algunos impactos producidos por postas de escopeta en muslos y piernas.

Una vez examinado su hábito exterior se procedió a la apertura de la cavidad craneal, en la cual encontramos una fractura de la bóveda, con hundimiento de la mayor parte del frontal. La fractura se irradia a la base del cráneo en dirección antero-posterior, atravesando la bóveda orbitaria derecha, y el peñasco del temporal del mismo lado, con su consiguiente hemorragia por el conducto auditivo externo.

Las heridas de los muslos llevan una dirección antero-posterior, atravesando las masas musculares de los muslos y gran hematoma.

Los cadáveres del cabo primero Álvaro Martínez Atance, y del guardia segundo, Antonio Martínez Martínez, fueron inhumados el día 29 en el cementerio eclesiástico de Alhama de Granada. El cabo en la fosa número 524, y el guardia en la 525.
El cabo primero Álvaro Martínez Atance, nació el 2 de febrero del año 1922, por lo que tenía veintiocho años. Era natural de Maranchón (Guadalajara).
El pastor al que entrevisté y que vivía en aquel entonces en el cortijo de Cornilejo Alto, me comentó que lo conocía. Precisamente la semana antes del encuentro, había llegado de permiso ya que había contraído matrimonio.

El guardia Antonio Martínez Martínez, de estado soltero, era natural de Barqueros (Murcia), donde había nacido el 8 de abril 1920.

Segunda declaración del teniente D. Antonio Navarro López.
En Granada 4 de octubre de 1951, se tomó nuevamente declaración al teniente. Al objeto de aclarar las causa de la pérdida del armamento del guardia Antonio Martínez Martínez. Primeramente se ratificó en toda su declaración anterior.

¿Cómo se explica que estando situados en guerrilla abierta los nueve guardias y el deponente, inmediatamente pegados a las estribaciones de las alturas, que en forma de semiarco rodeaba la fuerza, fuera posible que al guardia Antonio Martínez, los bandoleros le pudieran despojar de su armamento? Dice: Que efectivamente, según se ve en el plano, la fuerza antes dicha estaba desplegada en línea abierta, habiendo una distancia de uno a otro aproximadamente de diez a quince metros, terminando el ala derecha de esta fuerza, precisamente con el guardia Antonio Martínez.
Dicho guardia, observó el que declara, que al empezar el tiroteo como estaban en terreno descubierto y dominados en las alturas por un grupo de bandoleros, se metió en una barrancada cuya dirección marcada en el plano casi perpendicular al primer cerro X, donde estaba el ala izquierda de los bandoleros. Cuya barrancada se metió dentro del mismo cerro.
A dicho guardia Martínez, poco después de empezar el tiroteo, ya no se le pudo observar, y además el deponente y la fuerza estuvieron constantemente fijados en el terreno por el fuego del enemigo, imposibilitando cuando cayera el día bajo todos los puntos de vista, y el poder impedir que dicho guardia se les llevara el armamento.

Preguntado, teniendo a la vista el plano, son en efecto las características y distancias expuestas en él, las que estaba desplegada la fuerza. Dijo: Que si.
También, y con el mismo propósito, declaraba el sargento D. Ángel Heras Casas, y el cabo primero Cecilio Jiménez Ballesteros. Omito sus declaraciones, por ser coincidentes en lo básico, a la prestada por su teniente que ya les he ofrecido.

He estado varias veces en el lugar de los hechos. Una de ellas con Antonio García Ordóñez. El que estuvo explicando cómo se desarrolló el encuentro. Donde estaban ellos posicionados, la trayectoria seguida por los guardias, etc. Hay tres cuestiones en las que no coincido con la versión dada por los protagonistas de la Guardia Civil.

La primera de ellas es la toma de un cerro al oeste, por el cabo Cecilio que en el mapa viene reflejado con la con la letra H. En ese lugar, el único cerro existente en la posición señalada en el croquis, era donde estaba uno de los centinelas, y que luego fue ocupado por más guerrilleros. Los otros cerros al oeste están demasiado lejanos.

Otra cuestión es la de la barrancada donde cayó el guardia Martínez. En mi opinión no existe tal barrancada, el terreno es bastante llano. Lo que sí pudo ocurrir, es que al estar los guardias en posición de tendidos en tierra, cualquier pequeño desnivel era suficiente para perder la visión directa de su compañero. Recordemos además que los cadáveres del guardia y del cabo, fueron encontrados a una distancia de cincuenta metros, y no los quince metros que según declara el teniente, marchaban separados en el despliegue.

Y por último, el cerro marcado con una X, y el que se encuentra al oeste del mismo, no existen o están situados mucho más al norte de donde se produjo el encuentro. Las posiciones guerrilleras estaban en los cerros marcados con las letras Y, H.

Lo que creo que ocurrió es que fue tal la sorpresa, y la superioridad guerrillera, que los guardias quedaron totalmente abrumados y dominados. Milagrosamente pudieron salvar sus vidas. Sinceramente creo que en un principio, ni siquiera supieron cómo y desde donde les atacaban, y se limitaron a soportar la situación, cuerpo a tierra como buenamente pudieron.

Considero, basándome en mis tres visitas al lugar de los hechos, que fue una verdadera temeridad la maniobra efectuada por la Guardia Civil. En primer lugar por la situación de total desventaja. Tanto numéricamente como topográficamente. Y en segundo lugar porque con toda seguridad, fue advertida su presencia desde la lejanía. Dando tiempo a su enemigo a organizar el ataque, dirigidos por un excelente táctico como era «Roberto». Y pienso que fue un verdadero milagro, que el enfrentamiento no resultase más dramático para los guardias.

Finalizo así este relato de este dramático enfrentamiento, en el que nuevamente la guerrilla resultó indemne.

Capítulo completo recogido en el libro
Causa Perdida. Agrupación Guerrillera Málaga-Granada